Mostrando entradas con la etiqueta Breves Relatos de Malerige. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Breves Relatos de Malerige. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de junio de 2010

de cómo llegar a ser hada

Cuando sea grande quiero ser un hada.- Le dijo Ivana a su mejor amiga mientras ambas cortaban flores del jardín de la escuela.

Las hadas no existen.- contestó Emma, e Ivana sonrió al escucharla. Su amiga no sabía las ganas que, en ese momento, la niña tenía de desaparecer de la faz de la tierra. En tal caso, si las hadas no existen, y ella se convierte en una, entonces no existirá más. No sufrirá.

Caminaron juntas hasta el árbol en el que un cenzontle siempre cantaba, aunque había que esperarlo por horas hasta que arribará; y nunca se sabía la hora exacta de su llegada, pero Ivana lo amaba, como los niños aman a los animales a esa edad, que es la misma forma en que los adultos llegan a amar a otras personas; lo amaba con todo su corazón.

Emma platicaba y platicaba de lo lindo que sería ir a la laguna a pescar, pero no había forma de persuadir a la pequeña de abandonar la espera. Lo mas bello de su día, consistía en bailar mientras el cenzontle entonaba una melodía de ensueño; bailar con flores sujetas a su cabeza como la corona de una princesa.

A veces, las horas de Ivana no coincidían con las del ave, por lo que quedaba tan plantada como el árbol aquél. Aunque lloviera y se llenara los pies de fango, ella permanecía. Y en ocasiones lloraba, lloraba para sus adentros porque Emma se burlaba de que llorara por no escuchar una canción.

Algún día querrás ser un hada, como yo.- Le contestaba Ivana a su amiga, sin que ella comprendiera la magnitud de tal sentencia. A la edad de los niños se puede ser feliz de formas tan distintas y sencillas, que Emma no lograba comprender el cómo se podía sufrir por un simple cenzontle.

Muchos años después, a la vida de Emma llegó el amor y le tocó verlo partir junto con su corazón.

Recordando a su gran amiga Ivana, corrió al árbol mas cercano y lo trepó lo mas alto que pudo. En su mente solo giraba un deseo, y extendiendo los brazos se dejó ir de bruces suplicando convertirse en un hada.

El golpe en la cabeza, le concedió a Emma no existir nunca más.




By E. Malerige

sábado, 26 de septiembre de 2009

Imágenes de una mente independiente

Una pequeña araña se dejaba caer en libertad, confiada del aguante de su tela, y fue a parar a la nariz respingada de Fata, que en la oscuridad había perdido la mirada; y ante el grito de la joven, pegó un brinco que la llevó a encontrar la muerte en el viejo ventilador.


Hacía demasiado calor como para soportar la ropa, por lo que Fata vagaba por la habitación en completa desnudez. Dejaba que el viento tropical acariciara sus senos recién emanados de un torso virginal. Bailaba una danza macabra en medio de la noche, para atraer nahuales que le ofrecieran el mundo a cambio de un beso de niña.


Sus ojos de obsidiana, eran enmarcados por unas largas pestañas que gozaban de hacerle cosquillas a sus parpados cuando ella los abría y cerraba con la rápidez de un relampago. Y sus mejillas sonrosadas vivían en el anhelo de encenderse como los atardeceres, ante una palabra lasciva, ante una caricia muy íntima de manos verdaderas.


Fata flotaba en su cama mientras intentaba dormir. Y cuando más trataba no pensar en los problemas que la alejaban de Morfeo, estos aparecían, con forma de duendes, diablos y fantasmas chocarreros que le quitaban las sábanas para meter sus dedos en cuanto agujero pudieran encontrar.


Entre un mundo imaginario y la solitaria realidad, se debatía la jovencita con aires de cortesana, que jugaba con su himen todas las mañanas mientras el sol la cegaba por mirarle directamente. ¿Qué buscaba dentro de aquel astro exactamente? Quizá la libertad que ella misma se negaba.


Antes del mediodía, Fata encontraba servido el desayuno en su escritorio como por arte de magia. ¿En qué momento de sus paseos por el techo esto había llegado? Algo de fruta con la que formaba muñequitos que luego la acompañaban a jugar; un tanto de pan dulce y su respectivo vaso de leche con chocolate que tanto adoraba.


Se divertía lanzando migas por la ventana, esperando que algún pajarillo la visitara, aunque generalmente terminaba platicando con una iguana. Y por la pared que alguna vez fue blanca, había ido trazando tantos monstruos como hadas; todos ellos protagonistas de sus eternas fantasías.


Cuando la tranquilidad en su ser reinaba, era como ver a la mar moviéndose delicadamente al compás de la brisa que llegaba a cortejarla. Todo ella brillaba como un sol en una sonrisa interminable, mientras con sus muñecos platicaba sobre filosofía y, de cuando en cuando, dejaba que ellos le recitaran poesías de todos los estilos imaginados.


Se sentaba a cepillarse el cabello guiándose por su sombra reflejada a las 2 de la tarde, pues no poseía espejos. ¡Fata le tenía miedo a su rostro!


Aún no lograba superar el trauma que le había provocado el verse reflejada en los horribles ojos grises de su madre, aquel día que le clavó un cuchillo en el pecho por haberle dicho que no existían las hadas.







by E. Malerige

jueves, 24 de septiembre de 2009

De cuando sólo casi




Explosiones de colores, emociones, malformaciones en mi cerebro que me incitan a vagar, sin rumbo fijo, dentro de un mundo psicotropicoso en el que cada nube se parece a ti de algún modo.


Y allá en el cielo va una oreja tuya, un ojo tuyo, tu miembro erecto que luego me baña a plenitud. ¿Relámpagos? Orgasmos del cielo que se convulsiona, que después del leve gemido de la lluvia, termina en un griterío orgíastico. ¿Los angeles estan copulando? Quiero ser un angel, para llegar a tu falo que flota tan alto.


De puntitas entro al bosque donde ayer te paseabas, desnudo como un Adán, al más puro estilo de Jorge Rivero, aunque con más vellos cubriendo tu delicioso cuerpo que anhelo algún día comerme asado. Te deseo, y no hay plásticos ni dedos suficientes para terminar nadando en el lago que de mi fluye a borbotones, cuando tú entras en acción en aquel nido de amor que un día nos protegió de la tormenta y hoy nos sigue protegiendo del exterior en completo.


Veo crecer en el centro, sobre un árbol muy elevado, frutos con forma de labios muy semejantes a los vuestros. Así que corro y trepo como si mi vida dependiera de ello. Me cuelgo y enredo entre las ramas, con la agilidad de las boas que gustan de asfixiar cuerpos; y me imagino ser una de ellas enrollada en tu ser, exprimiéndote hasta el último aliento antes de caer casi muerta, sólo casi...solo casi....solo en casi queda todo cuando la alarma suena.



E. Malerige


martes, 1 de septiembre de 2009

de la niña No Pura


Inés era una niña que amaba dibujar. En lugar de hacer las planas del abecedario, prefería gastar las hojas en bocetos de entes imaginarios; animales de la selva africana, o cuerpos lascivos de mujeres desnudas. ¿Podría alguien comprender que su mente no nació pura? Irónico que la hubieran bautizado con ese nombre que entre sus cuatro letras encerraba un significado totalmente contrario a sus pensamientos, pero asi le gusta jugar al destino.


La niña se perdía entre los trazos, que formaban laberintos en otra dimensión; eran su refugio contra las realidades tan atocigantes entre las que vivía. Y es que ante la falta de amigas, no quedaba más que inventarselas y tomarles una foto extravagante de carbón.


Un lunes por la mañana, Inés salió de su casa cargando a sus espaldas, sobre su mochila Samsonite de colores psicodélicos, un paquete muy pesado que su madre le había impuesto. ¡No quiero ningún dibujo en tu cuaderno!.- fue la sentencia de una mujer que se encontraba harta de ver a tantos gatos rascándose la panza en cada hoja (la maestra tenía un sello muy burlón que aplicaba a cada tarea no elaborada), y que la libreta no durara lo que debiera, teniendo que gastar algunos pesos extras.


Con la mano temblorosa, miraba la blancura del papel, que a gritos le pedía ser profanado con alguna de esas amazonas que la niña dibujaba tanto. Comenzó a morderse las uñas, a carcomer el lápiz. Sin darse cuenta en que momento, comenzó a dolerle la cabeza y de pronto sintio que todo a su alrededor daba vueltas. La pobre Inés estaba a punto de vómitar, con la mirada desenfocada, con destellos inexplicables que la torturaban.


Cerró los ojos fuertemente ante tal ataque óptico, y al abrirlos descubrió que su maestra había crecido tanto que atravesaba el techo hasta el infinito cielo. ¿Acaso era posible? Nadie se lo estaba contando, ¡Ella lo estaba viendo!


Se sintió de pronto como el frijol del experimento de Ciencias Naturales, solitario en el fondo de un enorme frasco de mayonesa. Algo la ahogaba, un ataque de ansiedad se iniciaba y entonces, como por arte de magia, todo se encogió. Cual Alicia, atrapada en la casa del conejo blanco, asi se vio la niña en medio de un salón de clases fumigado, quizá, con chiquitolina. Inés comenzó a sudar frío y a mover inconscientemente su pierna derecha. Ya no quedaban uñas que morder, y el papel seguía gritando "Rayamé....dibuja en mí".


Buscando una distracción para tan terribles instantes, la niña sacó de su mochila el libro de Lecturas; pero los dibujos tan extravagantes que decoraban cada relato, no podían menos que incitarle a dejar bailar sus manos.


¿Qué podía hacer? Clavaba los colmillos en sus carnosos labios para no gritar ante los demás niños. Y a poco estaba de un desmayo cuando una brillante idea le llegó: ¡En cada libro existían bordes blancos!


Feliz, con lapicero en mano, fue trazando las lascivas curvas de una bacante desnuda en pleno extásis; mientras del lado opuesto, las piernas de una doncella seducían a un ojo solitario dibujado en una esquina.


Inés adoraba tanto dibujar. Era gracias a este ejercicio, que podía desahogar a su alma torturada por un fuego que le bajaba hasta el pubis, apresurando a sus manitas infantiles a buscar una almohada para colocarla entre las piernas; provocandola a realizar, con esta última, un baile cadencioso, acompañado de gemiditos que trataba de ocultar y que, sencillamente, no recordaba haber aprendido en ningún lugar. Sus caderas nacieron para ser divas en la pista o en la cama, o quizá en ambas.


El orgasmo se avecinaba, y después de varios bocetos y retorcijones bastante raros en su mesabanco, la niña perdía todo contacto con el mundo de los niños; aquel donde no se sabe de homicidios ni drogadicción; en donde no se conoce el significado de la palabra prostitución. Perdía la mirada de inocente criatura para convertirse en voluptuosidad y pecado. Por su mente atravesaban eróticas imagenes de copulación, de orgías; de colibríes con largas lenguas chupando el nectar de una virginal flor, para después partirla en dos. No llegaba ni siquiera a los 7 años de edad, pero dentro de aquel breve cuerpo, un súcubo se hallaba encerrado.


Al volver a su realidad de infanta, Inés observaba a sus compañeros de clase; buscando entre ellos alguien con quien poder charlar un poco sobre aquello que no comprendía pero que disfrutaba infinitamente.


Niñas con trenzas francesas y boquitas haciendo muecas caprichosas, todas la miraban con desdén al no comprender por qué de pronto las mejillas de Inés se enrojecían mientras apretaba las piernas con fuerza. Niños con cabelleras bañadas en gel o limón, que aun no descubrían que aquel pequeño miembro que poseían, servía para algo más que miccionar. Nadie con quien ser sincera, ni mucho menos ser hetera.


Inés vagaba en soledad durante los recesos. Solía esconderse tras un arbol de mangos, o en la biblioteca siempre abierta, siempre ignorada; justo como ella, por eso la amaba. Leía cuanto encontraba, y en ocasiones varias, aprovechaba la sala para sus sesiones de autoerotismo con el mirado nº 2 y los espacios en blanco.


Pero un día más que otro, la niña fue acusada de malvada por la misma mujer que al mundo la trajo. Había descubierto entre los libros, aquellos diabólicos garabatos; y culpó al padre ausente de tal comportamiento. Inés solo tartamudeaba. ¿Cómo decirles la verdad? ¿Cómo explicarles que habían errado al nombrarla?




by E. Malerige

jueves, 6 de agosto de 2009

De los besos que se quedan en el viento

publicado originalmente en MySpace el 10 de marzo del 2009....con una que otra corrección




Ella se mece como la niña que aun reside en su interior. Mirando al pasto desde el columpio, como tratando de encontrar ahí la solución a todas las interrogantes del universo; con sus pies arando la roja tierra, o quizá simplemente cavando, porque ella ahora tiene muchas cosas que sepultar.




Intenta no derramar ni una sola gota de aquel salado jugo; y su orgullo tiembla pero ella no cede. Agacha la cabeza un momento para respirar, y levanta de nuevo esa mirada, llena de altivez, llena de arrogancia; los ojos son espejos del alma, pero muchas veces estos pueden ser polarizados para impedir a los curiosos ver hacia el interior. Ella lo ha hecho.




Siente un dolor agudo, cual infarto al miocardio, pero es mas adentro, mucho mas adentro. Ella quisiera comprender porque suceden las cosas pero es imposible, tan solo suceden. Y a todos los santos conocidos y por inventar, ruega para regresar en el tiempo y no cometer tan fatal error; pero tan traicionero es el viejo Saturno, que si nos permitiera dar marcha atrás a los días, se encargaría de que en alguna forma todo resultara peor. Ella lo sabe, pero hay deseos que no obedecen a la razón.




Y sigue meciéndose, mirando al pasto que tanta urticaria le provoca, donde mas de mil besos se encuentran regados. Todos fueron lanzados por ella, intentando hacerlos llegar a los labios correctos pero el viento no sopla como siempre, y no quiere ahora, ser mensajero de nadie.




Ella piensa detenidamente, quiere que todo sea un mero invento de su imaginación. No lo es, simplemente no es tiempo de besos, no es tiempo de ser amada, aunque ella siempre tendrá tiempo para amar; hoy es tiempo de mirar al espejo, y ver sus labios partidos, sus labios tan secos como las caricias de aquel...




by E. Malerige

miércoles, 22 de julio de 2009

De la real locura que me aqueja

en verdad existe algo latente dentro de mí....algo que me hace bailar frente a un precipicio....algo que de repente me toma y con sus garras clavadas trata de no soltarme....algo que hace que mis manos bailen de mil diabólicas formas....esto que originalmente fue publicado el 24 de febrero del 2009...dedicado a la que reside en mi mente

Cuando un grifo no sirve, por más que se intenta cerrar, el agua sigue escurriendo; unas veces más que otra, pero va cayendo y llenando el vaso que debajo se encuentra.

Está alegoría quizá sea la que mejor pueda representar, lo que es ir por esta vida acarreando una enfermedad, siempre latente, a la espera del momento idoneo para recordarte que no se ha ido, que nunca lo hará; jamás desaparecerá porque está en tu mente, viviendo junto a tus sueños y alimentandose de tus emociones. Bendita locura, me haces irreconocible a mi misma cuando me posees; me cambias la vida en un segundo dibujandome nerviosas sonrisas entre ataques histericos que acabaran en melancolía.


No puedo preveer tu llegada, pues a veces vienes con la lluvia y a veces bailas con el sol mientras te burlas de como haces jirones mi cerebro y corazón. Y no importa que hora sea, que día sea, no importa en nada los meses ni las estaciones, ni siquiera respetas los ciclos de la luna que al final de cuentas, son quienes llenan de histeria cada 28 días a toda damisela en edad de merecer (y hasta perecer), para el terror de todos los varones del mundo. Sólo apareces, esté sola o acompañada, tenga problemas reales o no.

Había resistido por tanto tiempo tus embates en diferentes grados, pero hoy, hoy que nada parece ir mal, has logrado triunfar y llevarme hasta la orilla del abismo. He mirado el fondo y recordé haber vivido antes ahí; he intentado dar marcha atrás y al mismo tiempo he intentado dejarme caer...estoy pendiendo de una mano, mi cuerpo se balancea sobre el vacío, mientras de mi piel tasajeada comienza a escurrir mi sangre envenenada.


by E. Malerige

miércoles, 8 de julio de 2009

Sinatra

Breve relato escrito en medio de una tertulia cuasiorgiastica cuando, entre el fondo de las risas y botellas chocando unas a otras, una cancion evocadora surgió, haciendo que mis manos bailaran en un lienzo virtual a pesar de las peticiones de guardar el "cuaderno"....


La lluvia cae como caen mis fluidos orgásmicos cuando hacemos el amor en esas majestuosas tardes donde nuestras almas se buscan y unen con la locura que solo la necesidad de los verdaderos amantes provoca.



Al escuchar de fondo a Sinatra cantando de esa manera tan erótica, me es inevitable pensar en tus labios carnosos besando mis manos, brazos y piernas; y siento las ganas de tener a tu juguetona lengua paseando por mi clítoris, bajando entre mis labios menores hasta llegar a la entrada que con ansias se abre esperando a tu miembro henchido por la pasión.



Sabes que te amo, aunque lo haga muy a mi manera. Que te deseo aunque me resista y que en mis sueños más húmedos son tus manos las que me moldean. Eres el dueño de mi virginidad verdadera, aquella que se pierde solo cuando se hace el amor y no cuando se folla por mera calentura veraniega.



Desearía que bajo esta lluvia estuvieramos corriendo tu y yo, como los dos niños que siempre seremos; y que lleguemos hasta ese eterno aposento donde te conviertes en el dios al que mi lengua venera y al que mis caderas le bailan.



Pero he de llegar, te he de besar y te he de decir que eres la persona que deseo tener a mi lado para toda la eternidad, aunque tú sigas dudando de mi amor a lo bestia.






By E. Malerige

sábado, 27 de junio de 2009

de la reunión de unos súcubos

Ha marcado el reloj la "hora", y las cinco damas montan la carroza que las ha de transportar a través de una noche sin luna y cargada de humedad que invita al desnudo del cuerpo y del alma. El reencuentro esperado.


De algun morral ha surgido vino, y de entre los labios mil historias eroticas que intentan ser romanticas pero que entre la risa pierden a las palabras cariñosas para dejar solamente lascivia, el comun denominador de aquellas almas etereas, traviesas. Toda una delicia de tertulia andariega. Y las estrellas de pronto aparecen, tan de repente como el vino se extingue. Todas se miran, cada una con diferente disfraz, tan variable como la personalidad de los hombres de los cuales hablan, critican, aman, se burlan o les lloran.


Surgen confesiones que terminan siendo tan solo afirmaciones de secretos a voces, y las féminas vuelven a carcajearse mientras buscan más vino y algo de nicotina. Y con el humo surgen imagenes de parejas revoloteando en camas, sofas, suelos, montes, aguas, mundos alternos; con amor, con pasion, con lujuria y una que otra desventura. ¿cuantos labios has besado? - se preguntan, y todas miran al cielo.


El tiempo sigue pasando, el licor sigue pasando, el humo se escapa por la ventana dejando el rastro por la avenida que hemos atravesado ya infinidad de veces. No hay lugar adecuado donde parar, es mejor seguir avanzando como lo han hecho sus vidas que se niegan a dar una despedida a las demás presentes. Eternas amigas, malvadas amigas. "Ustedes son mi mala influencia" se escucha por ahí, y las sonrisas se alborotan mientras sus mentes piensan en la forma en que cada una ha modificado la vida de la otra.


La busqueda del lugar tan amado por una vejiga a punto de reventar comienza, nadie quiere seguir riendo, es casi imposible detener la avalancha amenazante, pero los cuentos acaban en chistes obscenos que obligan a retorcerse para soportar y llegar aun secas al destino. ¡Odio tener la vejiga del tamaño de una nuez!.- Grita una de ellas, la que se viste de sombra y rara vez peina su melena. ¿Para qué peinarla si alguien la despeinará?


De nuevo la avenida, y las palabras siguen fluyendo, intercambio de trucos y consejos; de posturas y lugares que aun faltan por profanar. Alguna de ellas duerme ya, quizá soñando con el cuerpo de su amado que no ha degustado hoy, quizá solo meditando en uno que otro regaño, quizá solo recordando el momento en que el destino las juntó. Tantas cosas extrañas que han sucedido y al final, al final todas siguen estando ahí, de uno u otro modo.


La madrugada amenaza con volverse amanecer, es momento de volver a los aposentos. Una última copa en forma de botella para brindar por el momento, y luego la despedida que en realidad es un "Hasta luego". Hasta la próxima "hora".


by E. Malerige

viernes, 5 de junio de 2009

De Manos que Bailan


¿Cómo pueden las nubes tomar tantas formas? – Se preguntaba Melina mientras por la ventana observaba a esas grandes bolas de algodón gris siendo acariciadas, en forma muy salvaje, por el viento de aquella tarde lluviosa de verano.

Sus ojos color selva, miraban con melancolía hacia la avenida desierta. Todo afuera era soledad, justo como ella dentro de la habitación, intentando protegerse tras esas paredes de una amenaza inexistente, de un miedo infundado; quizá solo de ella misma.

Melina apretaba los puños, pues sabía muy bien que aquél cosquilleo intermitente entre sus dedos solo significaba una cosa: sus manos querían bailar. Pero la danza de sus dos miembros no siempre llegaba a buenos términos, pues iniciaban con un vals de letras fantasiosas, y terminaban con metal, literalmente; metal entre su piel o la de alguien más.

Las hojas regadas por la habitación le hablaban, suplicantes para ser parte de la danza; pero ella fingía mirar al techo sin escucharlas. Detestaba que sólo el dolor le permitiera a sus dedos trazar con tinta los pasos de una canción eterna, ¿Qué pasaba con la alegría? Sus manos no podían cabriolear con ella. Manitas frías como las de un muerto, y los muertos callan, viven solo en el lamento de quien les extraña.

Puede ser esto último, la razón para que sus manos solo pudieran actuar en situaciones lacrimosas. Cada elemento tiene un catalizador diferente, y el de esos dedos era la sal que Melina produce en su corazón compungido por cualquier nimiedad.

La dama cierra sus ojos, quiere pensar que las gotas de lluvia son las lágrimas que ahora está conteniendo, pero es inevitable. Por la comisura de su ojo derecho escurre la primera gota de congoja, y uno de sus pulgares pierde fuerza, dejando en libertad a la mano contraria al llanto. La siniestra ahora comienza a acariciar al aire, en un movimiento que recuerda al delicado aleteo de las garzas.

A lo lejos, entre los arboles del terreno aledaño, un extraño pájaro comienza la estrofa de un bolero cargado de abandono, mientras las ramas de la mística ceiba actúan como acompañamiento musical. Melina solo escucha, dejando a su cuerpo a merced del cadencioso sonido.

Ahora su mano derecha busca pareja, encontrando al instante al lápiz, siempre presto para ella. La siniestra ya danzaba con el señor Bond, y al reunirse los cuatro, comenzaron a ejecutar una coreografía extraña que acabó en un cuento muy corto.

Melina no pudo contenerse ante la insistencia de sus manos, y se levantó de la cama, para dejarse guiar por ellas. Su razón vacilaba mientras sus peluches parlaban, reían, saltaban sin ritmo y aplaudían.

¿Dónde ha quedado el amor? El amor muere lentamente bajo el colchón mientras la melancolía se abraza más fuerte del cuerpo de la fémina. Ella le ha dado su vida en cada movimiento de sus falanges.

Melina es toda tristeza, y mientras sus manos bailan, ella olvida como sonreír.